Revoquemos a Peñalosa

CABILDO CERRADO EN EL VIRREINATO DE PEÑALOSA

Por : Leonardo Puentes

Luego de 207 años del Primer “Cabildo abierto” convocado de manera amplia en Bogotá, pareciera que el síndrome de la Patria boba sigue navegando en los genes de mi ciudadano ciego y díscolo de lo político. Y coloco entre comillas la expresión cabildo abierto porque lo que sucedió aquel viernes 20 de julio de 1810 no fue lo que los libros de historia cuentan deliberadamente, ni como lo expuso el respetado Enrique Santos Molano en su columna hace unos días en el diario El Tiempo.

Se dice con insistencia que luego de la reyerta del florero de Llorente se instaló un cabildo abierto que daría inicio a un postulado de demandas populares pretendiendo la independencia de la corona española e impulsando el inicio a una era republicana en las tierras denominadas como La Nueva Granada. Lo que realmente pasó fue que la orquestada operación en la casa de José Gonzáles Llorente consistió en provocar una perturbación del orden público para forzar al Virrey a convocar e instalar una Junta Suprema de Gobierno que sería integrada por los regidores de aquel entonces, notables y algunos criollos en la ciudad de Santafé.

Cabe señalar que esta idea fue diseñada precisamente por un grupo de criollos bien peinados como Camilo Torres, José Miguel Pey, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales y otros, quienes aprovecharon “La insatisfacción general de la ciudadanía” para tomarse una cuota del poder y tener participación en la administración pública. De tal suerte, que el pueblo sería utilizado en la agitación de manera temporal y puntual, pero nunca se permitiría su protagonismo. No se permitiría un florecimiento de liderazgo popular como lo sucedido 40 años atrás (Rebelión de los Comuneros) poniendo en riesgo los privilegios de los comerciantes, hacendados, esclavistas y religiosos que dominaban un primer anillo de poder justo por debajo del Virreinato Español.

Así, esa noche de viernes 9.000 chisperos o carracos (como se les conocía a los activistas de la época) de todos los rincones de Santafé, liderados por el agitador popular José María Carbonell (quien sí soñaba con una expulsión de la corona española), se tomaron la Plaza Mayor (hoy Plaza de Bolívar) para arrebatarle el poder al Virrey Antonio Amar y Borbón e instalar un cabildo abierto. Pero eso nunca sucedió. Aún cuando la incertidumbre en las Américas rondaba desde la invasión de Napoleón en España y los Virreinatos pasaban por un periodo acéfalo, no significaba que el señor Amar y Borbón fuera a dimitir ante una turba enfurecida. De hecho lo que pasó fue que los altos oidores, regentes, el Virrey y la Virreina se las supieron arreglar para que lo que soñaba Carbonell como un cabildo abierto se convirtiera en lo que pretendían los criollos del florero, una “Junta Suprema de Gobierno” donde representantes de la más fina estirpe criolla tendrían pupitre. Evidencia de que ese “Grito de independencia” fue más un grito de apología a “…nuestro amadísimo monarca Fernando VII” reposa taxativamente en el acta de la independencia del Cabildo Extraordinario de 1810 (nunca cabildo abierto) (ver 1)

Vemos entonces como desde el principio de nuestros gritos, el poder popular es manipulado, el ciudadano común viene engañado a alimentar movilizaciones que finalmente resultan en unas negociaciones que se burlan de las necesidades y exigencias primarias de las mayorías.

El martes pasado, lo sucedido en la primera sesión del cabildo abierto de la No Venta de la ETB, logrado según las reglas de la constitución del 91, demuestra que los tiempos han cambiado pero la torpeza no.

En primer lugar hay que decir que las instalaciones del IDRD tienen un aforo de 700 personas, un espacio que se queda corto para lo que debe ser una amplia convocatoria de participación ciudadana donde se juega el futuro de nuestra joya de la corona. No se compara en nada a los 9.000 chisperos que acudieron a la plaza publica en 1810. Que valga la aclaración: en aquel entonces, esa turba representaba casi la mitad de la población de la antigua Santafé. O sea que hoy nuestro cabildo abierto debió contar con la participación de millones de ciudadanos. O, al menos una asistencia proporcional al numero de firmas que lograron los sindicatos para apoyar el cabildo, es decir, más de 66.500 y un espacio igual de proporcional.

¿Cuanta difusión oficial tuvo el evento? ¿cuántos comerciales de la Bogotá mejor para todos invitaban al cabildo? ¿Cuantas salidas de Gustavo Gómez en Caracol o Arizmendi invitaban masivamente a participar? Así como se la pasaban diciendo hace unas semanas en sus emisoras que Peñalosa ya había tapado todos los huecos de la Boyacá a cada lance de comerciales ¿por qué no hay una importante campaña de convocatoria a tan exclusivo evento? ¿Dónde está Canal Capital? La ley 134 de 1994 lo dice claramente:

Artículo 85º.- Difusión del Cabildo. Los concejos municipales o distritales, o las juntas administradoras locales, dispondrán la amplia difusión de la fecha, el lugar y de los temas que  serán objeto de Cabildo Abierto. Para ello, ordenarán la publicación de dos convocatorias en un medio de comunicación idóneo.

Esa mañana, el IDRD recibía muy tiesos y muy majos una fila de funcionarios que el señor Peñalosa llevaba; un comité de aplausos para que los medios registraran su acomedida aprobación popular. De hecho al ingreso los vigilantes nos preguntaban: “¿Son funcionarios o particulares?”.

Y aparecen más preguntas, ¿Cuál será el temor de Enrique Peñalosa como para tener que mandar un ejercito de funcionarios? Además, tiene el descuido y el descaro de ponerlos a registrarse en la entrada a los ojos de todos. ¿Acoso laboral señor alcalde? Es que acaso ¿necesita verificar si cumplieron con ir?

Aplicar a estas practicas deja ver su desteñida aprobación popular señor Peñalosa y con un recinto tan minúsculo usted actúa anti democráticamente, le está quitando el puesto a muchos ciudadanos que tuvieron que quedarse por fuera pues la policía cerró puertas e impidieron la participación del constituyente primario. La insatisfacción desató una justa protesta que quedó registrada en este video:

(video protesta)

Luego del ingreso y bajo el asombro de muchos, quien hizo la presentación del cabildo abierto y definió la metodología fue el Presidente del Concejo de Bogotá Horacio José Serpa. ¿Cómo así que un concejal preside y modera un cabildo convocado por la ciudadanía? En ninguna parte de la ley 134 dice que así deba ser, de hecho el cabildo debe ser presidido por sus convocantes. Entonces, emanan y emanan más preguntas:

¿Por qué el Señor Gustavo Merchán quien funge como representante de la inscripción del cabildo y hace parte del sindicato Sintrateléfonos no moderó? Al menos el señor Presidente de Sintrateléfonos William Sierra debió conducir la reunión.

(ver video twitter)

Igual que en el cabildo de 1810, quien terminó tomando la vocería no fue el ciudadano común sino el Virrey, al siguiente día, el 21 de julio quedaría armada la Junta de Gobierno así: Presidente de la Junta, Antonio Amar y Borbón; vicepresidente, José Miguel Pey, hijo del Oidor que ordenó desconocer las Capitulaciones otorgadas a los comuneros y que redactó la sentencia contra el comunero Galán.

Así pues, que lo que aconteció en la primera jornada del Cabildo de la NO venta de la ETB preocupa, porque en semanas previas se hizo una negociación entre miembros de la administración Peñalosa y los dirigentes de Sintrateléfonos. Y brotan más preguntas, ¿Qué fue lo que se negoció? ¿Porqué los sindicatos permitieron que un concejal presidiera? ¿Acaso los concejales no tienen su propio espacio para hacer control político? ¿Sabían los sindicatos que vendría un comité de aplausos de la administración Peñalosa? Y si no es así, ¿Por qué tanta ingenuidad? Se supone que los sindicatos están preparados justamente para defender la clase trabajadora y los activos del estado, aquí parecería que mataron al tigre pero se asustaron con el cuero.

Recuerdo que recién había salido la noticia de la aprobación de las firmas para convocar al cabildo de la ETB, el orgullo brillaba a flor de piel en los sindicalistas de la ETB. No es para menos, lograr citar al Alcalde era un hecho histórico. Por esos días estuve en reunión con la junta directiva de Sintrateléfonos para tratar otros temas referentes a la revocatoria de Peñalosa, se respiraba en sus oficinas un gran optimismo, a tal punto que en esa nube se trató de menospreciar un ejercicio que venia caminando lentamente pero a paso firme. Nosotros nunca estuvimos de acuerdo con la convocatoria del cabildo, por una sencilla razón: la hiedra hay que cortarla de raíz. De nada vale cortar unos cuantos higos venenosos cuando mañana brotarán por otros remanentes. Así se lo expusimos en varias ocasiones a algunos de los miembros sindicalistas durante todo 2016, un cabildo no está expuesto en la constitución como una herramienta de carácter decisorio. Es decir lo que allí se concluya no es vinculante pero si es una orden ciudadana de carácter político que pretende obligar al mandatario a tomar las decisiones que el pueblo demande. Por esto nació Revoquemos A Peñalosa, porque en el análisis de los mecanismos de participación ciudadana no encontrábamos una mejor herramienta que la revocatoria para salvar la ciudad en todos su temas.

Con un alcalde como Enrique Peñalosa, uno no puede darse el lujo de andar cortando higos, Peñalosa arrojó a Bogotá a un atraso descomunal desde hace 18 años; hoy la ciudad paga sus pilatunas con creces en todas las dimensiones y un cabildo o una consulta popular no tiene el poder de detener toda la maquinaria de corrupción junto con las peligrosas decisiones del señor Gerente de la alcaldía. Nosotros creíamos que someter a la ciudadanía a firmar cabildos, llevaría a una paranoia desinformativa en las calles. El año pasado unos recogían firmas para el cabildo de la ETB, otros recogían firmas para la defensa de la Reserva Thomas Van Der Hammen (que no quedó en nada), y otros movían el cabildo de vendedores informales (que tampoco quedó en nada).

Hoy, a parte de las firmas que recogemos para la revocatoria, otros hacen fila con sus listas para la consulta popular anticorrupción. Una “Firmatonitis” alborotada para una sociedad que aunque actualmente es más participativa, todavía se confunde y se cansa rápido. Por eso, desde el año pasado nuestra postura siempre fue la revocatoria de Peñalosa. Es, en efecto, la única manera en que podemos detener de un solo tajo toda un lastre de políticas nefastas que nos arrojará a décadas de más atraso, peor que el que ahora vivimos por culpa de Transmilenio, sin empresas publicas, sin metro, con el transporte más caro del continente y el más agresivo a sus ciudadanos, con un insalubre sistema de salud, con el abandono de los sectores sociales y al borde de una guerra urbana sin frenos.

Fue admirable escuchar ese martes al mismo Peñalosa obnubilado en su orgullo, sumergido en su pedantería y en pleno cabildo decir con mano de hierro que  “La decisión de la venta de la ETB ya se tomó. El Concejo que representa a millones de ciudadanos lo aprobó” Para luego escuchar las voces que levantaron la sesión en esa dulce tonada que cantaba “Revocatoria, Revocatoria”. No es por menos la premonición de lo que viene para Bogotá: La caída del primer alcalde por mandato popular y un nuevo despertar para una nueva generación de “chisperos” o “carracos” que estamos preparados, nos hemos formado y no les comemos carreta. Mientras tanto, Sintrateléfonos dice que demandará al cabildo abierto por “incumplir en lo pactado“ Sería bueno que nos contaran primero qué fue lo pactado, de resto es tiempo perdido señores y esas firmas corren el riesgo de perderse en la basura.

En 1810, de haberse dado el Cabildo Abierto, sí se habría desencadenado ese tal “Grito de Independencia” que la historia mal cuenta. No obstante el 21 de julio, a las 5 de la tarde, Carbonell se fue a fundar un movimiento disidente, desconoció a la “Junta Suprema” y estableció en un local de San Victorino una Junta Popular que Morillo llamó “Tumultuaria”

Es menester llevar esa “Tumultuaria” a la segunda fecha del Cabildo por la Venta de la ETB, este martes 7 de marzo y bien peinados, acudamos masivamente a demostrarle al Alcalde y sus Concejales que el poder reside en nuestro amor a la ciudad, que somos capaces de obligarlo a ir en el curso de los quereres populares y que a diferencia de 1810, no vamos a dejar que vengan a manipularnos y a hacernos su Cabildo Cerrado en el Virreinato de Peñalosa.

 

 

 

 

 

 

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